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Día ciento sesenta y ocho.

¿Os ha pasado alguna vez el no saber qué estás haciendo con tu vida? Porque a mí sí y mucho, muchísimo. Pero ya hasta un punto preocupante. Para estos pequeños mosquitos que todos tenemos en nuestras vidas quiero dejar claro clarinete que me refiero al tema profesional y no al sentimental, porque os conozco y sé que ya estaréis frotando vuestras manitas en busca de sangre pero no van por ahí los tiros. La cuestión es que por H y por B (ya, ya sé que no es "y" pero es que en este caso sí, shut up!) aquí servidora no estudió una carrera y además no tuvo la suerte de que la admitiesen en ningún ciclo formativo de los que ha intentado hacer porque "¿por qué quieres apuntarte a este si tú eres de Letras? ¿Para qué estudiaste Letras?" (y mis ganas de "porquequeríairmeaGranadaaestudiarFilologíaClásicaynovolver" me las tragué). Y sí, afortunadamente, cada vez que me pongo a aprender algo nuevo me sale bien (llegué a casi un ocho de nota media en Bachillerato sin...

Día ciento sesenta y siete.

Era nuestro quinto aniversario. No se puede decir que yo anduviera con la mosca detrás de la oreja, es que llevaba de orejeras dos moscardones tamaño catedral. Además, hacía un par de días me había tomado la medida del dedo anular de la mano izquierda de una forma muy sutil. "A ver, ¿cuántos anillos tienes? ¿Y ese en este dedo cómo te queda? A ver, me dejas el anillo [se pone el anillo]. Ah, bien, bien. Bien bien." Era sábado e íbamos a ir a cenar a un buen restaurante para celebrar nuestro aniversario. Yo no había dejado de pensar durante las últimas semanas que o ahora o lo mataba. Esa mañana me fui de compras con mi madre. Él tenía que trabajar pero iba a reservar el restaurante para esa noche. Yo, que soy el ansia viva en persona, estaba preocupada por si no había mesa disponible y quería ir allí desde hacía tiempo. Mientras compraba con mi madre -un precioso vestido para la noche- me escribió. Me dijo que si me gustaban los anillos con una lluvia de noséqué. Yo n...

Día ciento sesenta y seis.

He vuelto de un viaje al Tártaro de lo más interesante. He pasado los últimos 17 días sumida en la mierda. Así, sin paños calientes ni más mitologías. Pero ayer cuando me querían rematar tuve la suerte de encontrarme con gente maravillosa y desconocida que sin quererlo me abrió los ojos. Los antidepresivos para el que los necesite, yo no. I'm back. @SitaFreak

Día ciento sesenta y cinco.

Por fin he encontrado el verso que me faltaba para el poema acróstico que es la vida. Ayer pude ver que la luna era verde. No sólo eso, miro por la ventana y veo cómo me mira verde y oronda mientras yo doy tres mil cuatrocientas cincuenta y dos vueltas en la cama. Le doy la espalda pero sigo notando su fría y gris mirada clavada en la nuca. Bajo de la cama. Pie derecho. Pie izquierdo. Deambulo por un pasillo infinito chocándome contra miles de cosas que antes no estaban ahí y que no recuerdo haber puesto, ¿no recoge uno lo que siembra? Llego ante una puerta desconocida para mí... ¿dónde estoy? Toco el pomo dispuesta a comprobar a dónde da la puerta pero no puedo abrirla porque me quemo, al apartar la mano veo cómo en mi palma reluce de un color rojo sangre tan brillante como el canto de los grillos la frase "I must not tell lies", miro de nuevo hacia la puerta y en lugar del pomo ahora hay una pluma que cae delicadamente al suelo mientras llora sangre. De pronto una risa ...

Día ciento sesenta y cuatro.

En canal: conclusiones. Hoy, seguía dándole vueltas a una pregunta que me hacía un amigo hace unos días "¿sabes quién eres?". Le contesté que no pero quería saberlo... Y creo que me voy haciendo una ligera idea. *pausa, busco música de Extremoduro, continúo* ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Qué es de mí? Algunas veces había pensado en alguna de estas preguntas cuando tenía que rellenar estupideces cuestionarios, preparando entrevistas de trabajo... pero realmente no me había parado a pensarlo. ¿Quién soy? Soy Paola. Tengo 24 años y soy yo. Soy ridícula. Algunos lo maquillarían como "estrambótica", "distinta", "especial". No, no es ningún eufemismo de esos yo soy ridícula. Soy una persona ridícula que incita a la risa. No recuerdo una sola etapa de mi vida en la que no haya habido alguien que se haya reído de mí Y NO LO CULPO: mi forma de hablar, vestir... Lo primero es asumirlo "soy ridícula", ¿qué puedo hacer para evitarlo? Nada. Yo he...

Día ciento sesenta y tres.

Bastardos no quieren pan quieren perros que maltratar. Ya siento algo aunque no me drogue y he dejado de echar carreras con Selene pero, joder, qué difícil es madurar cuando lo haces con 6 años, te vuelves imbécil a los 21 y vuelves a madurar con 24, ¿no? He descubierto la filosofía budista y la paz interior, ni siento ni padezco, me como las humillaciones y las malas palabras a cucharadas como si fuesen chocolate derretido con sabor a limón. Me he enamorado de la vida, me cogió de la muñeca y me hizo dar un paso atrás, me enamoré. Me había vuelto completa e irremediablemente loca y, sin marcha atrás, había entrado en una caída libre a la nada. A la mierda, al vacío. Aún así, sumida en la más profunda oscuridad como estaba, aún me pasaba dos tercios de mi día diciendo gilipolleces y regalando galletas cosa que, obviamente, no ha cambiado. Viva el pollerpower. Mientras tanto me ardía el corazón, ¿pero qué importa un corazón entre tantos? Ahora lo entiendo. Ya no me muerdo la len...

Día ciento sesenta y dos.

Yo creo que no, que cuando no estás no hay nada. Que se apaga la luz si te das la vuelta y no me abrazas al dormir. Sé que si te pienso muy fuerte puedo llegar a verte pero si alargo la mano para tocar tus labios no estás. La vida es un color que no me gusta porque ya no estás para cogerte de la mano si me ataca una pesadilla de doce patas, doce meses que me agarran y me tiran del pelo para no dejarme seguir adelante pero me empujan a un río de estupidez lleno de seres invertebrados que me miran con ojos saltones que no saben mirar. Mírame y cuéntame dónde estabas ayer y qué hiciste y qué pasó con esos abrazos que ni nos dimos ni nos daremos. No me des el aire a cucharadas cuando sé que ni tú sabes respirar. Cállate pero cuéntamelo todo, háblame con las manos que estoy harta de tu voz. Calla, deja que sea tu cuerpo el que me cuente dónde quedarán los besos que jamás te daré y róbame el aire que te quité ayer en un sueño efímero. Me llevabas de la mano por campos de girasoles que mi...