lunes, 7 de mayo de 2012

Día ciento cincuenta y cinco.

La verdad es que la vida da muchas vueltas, ¿verdad?

Hace unos meses lloraba por los rincones y no tenía ganas de nada y ahora estoy tan feliz que no puedo ni escribir. Y eso que tampoco es que lo tenga todo. Sí, vale, tengo muchas cosas pero me falta algo. ¿Qué? Oídos que escuchen y brazos que abracen. La verdad es que es bastante difícil escuchar y escuchar y escuchar y no tener nunca el turno de palabra. ¡Que la RAE me ampare! ¿No era lo nuestro un afecto personal, puro y desinteresado? Yo creo que no, no llamo interesado a nadie (que ya tengo bastantes mensajes ocultos a lo largo del día confiriendo por esfínter anal como diría mi querida Esperanza) pero, ¿dónde quedó aquello de "afecto personal"? ¿Y eso de "puro"? ¿Alguien sigue utilizando esa palabra hoy en día? Yo creo que no, se perdió la pureza (si no os lo creéis, podéis buscar en Internet un vídeo de unos niños de 10 años como mucho -muchísimo- bailando reggaeton, pérdida de fe instantánea). Hemos perdido todo. ¿Valores? Ja.


Pero, volviendo al tema, no soy una buena persona ni lo he sido nunca, por lo que parece. He decepcionado a la mayoría de personas que han pasado por mi vida, de acuerdo, pero, ¿ya está bien, no? ¿Se puede perdonar a un asesino pero a mí no se me puede perdonar? ¡Joder! ¿Qué pasa con el acercamiento de los presos etarras a sus domicilios? ¿No se puede acercar alguien a mí? ¿Tanto mal he hecho? ¿Tan mal me he portado para que años después se me siga mirando como a escoria? No, yo creo que no. 

Hay una frase que siempre me ha encantado y es que "ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos". 

He perdido la cuenta del tiempo que llevo intentando acercarme a ti, o a ti, o a ti. Ya no lo sé y ya se me quitan las ganas. He cambiado mi forma de ser. Me dedico a mirar y escuchar. ¿No importa mi opinión? De acuerdo, ya me da igual pero deja que me quede.


Pero callar y callar sin tener ni un "¿qué tal?" a cambio ya cansa. Bueno, vale, pues paso, dejo de intentarlo, pero que no quede como que no lo intenté mil y una veces sin que nadie se parase a escuchar lo que tenía que decir. Sin que a nadie le preocupase qué me pasaba. 

He aguantado los "nomellamas" y similares durante demasiado tiempo, teniendo en cuenta además que cada vez que he llamado solo he escuchado.


Y ya, si no tenía bastante, lo último. Mensajitos escondidos por todas partes. Insultos, tonterías y mil cosas más que a saber. He aguantado demasiado. He callado, he tragado. He hecho lo que han querido, he visto como me robaban ideas, he visto como se reían de mí y no he dicho ni mú. He visto como han ninguneado a la persona más importante de mi vida. ¿Y ahora? Ahora estallo, eso sí controlándome, y vienen con tonterías, como si estuviese en el colegio otra vez. Pero llegan tarde, yo ya no voy a entrar en el juego de nadie y si quieren hablar mal y decir que soy lo peor de lo peor, ¡adelante! Disfruten de la poca libertad de expresión española que nos queda que a saber cuándo se nos acaba. No voy a decir que ellos se lo pierden porque en realidad no se pierden nada, aquí la única que ha perdido, como siempre, soy yo.


















*De todas formas siempre he estado muy bien con mis libros, es por algo que mi nombre es MissLess.


@SitaFreak