lunes, 19 de enero de 2015

Día ciento sesenta y ocho.

¿Os ha pasado alguna vez el no saber qué estás haciendo con tu vida? Porque a mí sí y mucho, muchísimo. Pero ya hasta un punto preocupante. Para estos pequeños mosquitos que todos tenemos en nuestras vidas quiero dejar claro clarinete que me refiero al tema profesional y no al sentimental, porque os conozco y sé que ya estaréis frotando vuestras manitas en busca de sangre pero no van por ahí los tiros.

La cuestión es que por H y por B (ya, ya sé que no es "y" pero es que en este caso sí, shut up!) aquí servidora no estudió una carrera y además no tuvo la suerte de que la admitiesen en ningún ciclo formativo de los que ha intentado hacer porque "¿por qué quieres apuntarte a este si tú eres de Letras? ¿Para qué estudiaste Letras?" (y mis ganas de "porquequeríairmeaGranadaaestudiarFilologíaClásicaynovolver" me las tragué). Y sí, afortunadamente, cada vez que me pongo a aprender algo nuevo me sale bien (llegué a casi un ocho de nota media en Bachillerato sin tocar los libros, prácticamente) pero es que poner eso en el currículum no es viable.

Es cierto que cada vez más empresas se fijan en la persona y no en lo que ponga en un papel. Pero es que hay tan pocas oportunidades. Es que me apunto a un curso y no me cogen porque no sé hacer eso para lo que me he apuntado. ¿?

Y es eso, ni oportunidades ni facilidades para emprender. Que sí, que te bajamos la cuota de autónomos durante x meses pero después más te vale estar facturando bien o buscarte un buen puente bajo el que dormir.

Este país es un asco absoluto.

De niña quería ser maestra de primaria. Luego profesora de matemáticas. Luego escritora y profesora de inglés. Luego escritora, cantante y profesora de Griego.  Luego escritora y actriz. Luego escritora, guionista, directora de cine y nació este blog. Luego escritora y psicóloga. Luego quise comer y ya pues fui teleoperadora. Y ahora me quedará ser comercial a puerta fría. Total, ya tengo así el cerebro.



Badumts y risas enlatadas.