lunes, 8 de abril de 2013

Día ciento sesenta y dos.

Yo creo que no, que cuando no estás no hay nada. Que se apaga la luz si te das la vuelta y no me abrazas al dormir. Sé que si te pienso muy fuerte puedo llegar a verte pero si alargo la mano para tocar tus labios no estás. La vida es un color que no me gusta porque ya no estás para cogerte de la mano si me ataca una pesadilla de doce patas, doce meses que me agarran y me tiran del pelo para no dejarme seguir adelante pero me empujan a un río de estupidez lleno de seres invertebrados que me miran con ojos saltones que no saben mirar.

Mírame y cuéntame dónde estabas ayer y qué hiciste y qué pasó con esos abrazos que ni nos dimos ni nos daremos. No me des el aire a cucharadas cuando sé que ni tú sabes respirar. Cállate pero cuéntamelo todo, háblame con las manos que estoy harta de tu voz. Calla, deja que sea tu cuerpo el que me cuente dónde quedarán los besos que jamás te daré y róbame el aire que te quité ayer en un sueño efímero.

Me llevabas de la mano por campos de girasoles que miraban al suelo porque no se atrevían a mirar a Helios en tu presencia pero, una vez más, me abandonaste a mi suerte y yo dejé de volver a volver volver. Ya no vuelo para volver y vuelvo a ver lo que no veía. Ciegos.

Ya no soy quien era porque te fumaste mi esencia mientras te emborrachabas con mi alma y así acabaste conmigo, desechando los restos sin reciclarlos. El cuerpo al azul, el corazón al verde y, lo que quedase de alma, al amarillo.

De noche vuelvo a correr sola por campos de girasoles que, ahora, sí miran al Sol y me dicen que siga corriendo, que llegaré donde quiero y que no mire atrás. No les hago caso y siempre miro atrás, al vacío verde que se extiende como si fuese un mar turbio y que convierte el sueño en una pesadilla en la que me ahogo sin poder evitarlo y muero todas las noches y despierto empapada en sudor y esta vez no es por tu culpa, en parte.

Sigo hablando con la Luna que me dice que me calle y que deje de oír. Que me aísle en mi locura hasta que todo pase pero nunca pasa nada. No pasa nada jamás. Nunca.