martes, 1 de agosto de 2017

Día ciento setenta y dos.

Hoy me siento como Nicolas Cage en... no, espera, no era eso lo que quería decir. Me siento como hace - lo que parecen - cientos de años en el primer Telepizza de Albacete. No existía WhatsApp, nadie nos renegaba en Twitter ni Facebook. Ni Fotolog. Y allí estaba yo, esperando la cena y algo más. Lo recuerdo como si fuera ayer mismo. O como si fuera esta noche, qué sé yo. No estaba sola, me acompañaba mi hermana. Nos íbamos a dar un buen festín... ¡habíamos pedido hasta alitas! Y yo miraba la hora en mi móvil Grundig de última generación y pensaba "ya sólo faltan cuarenta minutos" pero me hacía la madura. Aunque no quería levantarme de allí hasta que fuese la hora. Sería como celebrarlo con todos como cuando tenía seis años. Y volvía a mirar mi móvil de reojo y sólo faltaban quince minutos. No pasaba por mi cabeza que fuese a tener ningún problema de batería al recibir los cientos de mensajes que esperaba porque, por aquel entonces, no existían los problemas de batería (a menos que fueses de fin de semana a un retiro espiritual sin llevar el cargador). Cada vez estaba más nerviosa. ¿Cómo sería la sensación? Era la primera vez que iba a pasar, no había tenido todavía la oportunidad de celebrarlo con un móvil propio en la mano... Estaba tan nerviosa que no podía quedarme quieta en el banco en el que estaba sentada. Ya sólo quedaban cinco minutos. El corazón me galopaba en el pecho y chocaba contra mis costillas. Y, de pronto, eran las doce. Y no pasó nada. 

Mi hermana, al ver mi cara de decepción, se levantó y me dio un abrazo y me deseó feliz cumpleaños. 

Los minutos que hasta ese momento habían tardado horas en llegar ahora volaban y no pasaba nada. Justo como lo hacen hoy. 

Sé que hoy me lo merezco pero aquel día no. 

Y van 28. Ya no os pillo Janis, Jimi, Kurt, Amy...


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